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I hate rampant capitalism

Siento la necesidad de hablar de las emociones que me conmueven en este momento. No es agradable decirlo y sin embargo es como el vómito, después de las convulsiones propias, se siente uno aliviado del malestar. 

Podría hablar de lo inmediato que es el hecho de que no me gusta mi trabajo y que extraño trabajar en mi oficina. También de que detesto no estar en la obra de que dirige Elvira, por una parte porque la amo, la extraño y ella va a estar ocupada con los tres días de presentaciones y los tres días de ensayo esta semana. Por otra parte detesto no poder tocar esa increíble música en la obra. Y que además, no tenga trabajo en esas fechas. 


Fui con mis padres. Necesitaba verlos. Regresé y dormí por casi cuatro horas. En ese momento vino Elvira y yo no escuché. Las cosas parece que se pusieron peor. Después estuve practicando música. Cuando realmente ensayo, los músculos de las manos se inflaman y duelen, señal de que trabajé mi instrumento. También solté, y me dejé llevar por la creación musical sin expectativas. Volví a sentirme vivo por un momento. 


I hate rampant capitalism.

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