Desperté sin una idea clara de qué vendría el día, o la semana o mi vida. Le escribí a Elvira y me llamó seria. Dice que nos veamos esta noche para hablar. Por supuesto, me entusiasma verla porque la amo. También escribió el jefe Moisés que me esperaba en el trabajo. Por un momento consideré regresar a trabajar. Finalmente, aún tengo trabajo y el dinero que obtengo a la quincena ayuda un poco, pero el precio es alto: es dejar mi pasión en segundo plano, mis sueños para después, mi vida para alguien más. Me deprimió antes siquiera de salir al trabajo, tan solo por la idea de dejar once horas de mi vida -las más productivas del día- explicando facturas y aplicando promociones a clientes de la empresa norteamericana que contrata mano de obra barata fuera de su país para aprovechar las condiciones laborales de explotación en países como el mío. Me entusiasma más, perderme ahora en el bajo y hacer todo aquello que me mueve y me vibra. Finalmente, yo me puedo gran...