Este horario en el trabajo me está matando. En realidad, todas las cosas en la vida te matan, lo que varía es la velocidad con que lo hacen. Pero todos los días y las fechas se me confunden. Me volví una persona diurna en la pandemia. Valoro mi sueño de noche y mi tiempo de día, y cuando acepté este horario, pensaba que solo sería por un par de semanas y ya van dos meses. Me tengo me mover si quiero sobrevivir.
Anoche tenía que trabajar en una katana para el disfraz de Kari, me esforcé de verdad, pero no acabe a tiempo: estaba realmente fatigado. Pero tal vez no hacía falta, porque se veía hermosa mi niña con su disfraz. Bailó mucho. Al final, me maltrato un poco cuando quise tomarme una foto con ella. Así me hace en ocasiones, y supongo que en el fondo guarda algo de resentimiento hacia mí, por mis errores. Llore un poquito de regreso, pero todavía faltaba ver a Zoé.
Tenía el tiempo medido para desayunar antes de ir por mi otra morrita. Su mamá me llamó y yo andaba muy apurado, quería evitarme otra discusión innecesaria y no conteste, solo mandé mensaje que iría por la niña. La mamá reventó y como suele hacer, me negó ir por mi hija al cole... Para cambiar de opinión 10 minutos después.
Yo me sentía abatido, por el cansancio, el sueño atrasado, el beso negado de Kari y la respuesta violenta de la mamá de mi otra hija. Así que procedí a desconectarme conectándome al mundo onírico.
Como dicen, dormí pero no descanse. Todavía ando reclamando el dinero que me descontaron injustificadamente del trabajo la semana pasada. Antes no me hubiera importado, pero ahora me procuro y a mi prole, porque si eso está bien, puedo seguir con todo adelante.
Estas semanas que restan del año se presentan intensas, y voy por lo que quiero, ahora es un automóvil y las reparaciones al departamento.
Comments
Post a Comment