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Un llamado espiritual

Quisiera que las cosas no fueran así, que no tomaran tanta importancia a lo que ya pasó, a lo que hoy se escapa de su injerencia; en vez de ello, quisiera que pensaran que estoy contento con lo que hago, que no pretendo hacer daño a nadie, y que la amistad y el amor son, si no la misma cosa , algo muy parecido.

De las flores del jardín, he cogido muchas; pero hoy tengo una preciosa, que me hace el día. Es, de hecho, la manzana de la discordia; pero no por que mi flor así lo quiera, sino porque su aroma es delicioso y a la vista maravillosa. ¿Quién la olvidaría? Yo no. No es “ella” y “yo“, sino “los dos”.

Ese día tuve sed y calmé la ansiedad con el elixir, luego me ha venido un llamado espiritual que no podía evitar... que no quería evitar.

Así que abrí la puerta a la oportunidad, escuché y también hablé; pero lo más importante ha sido eso que conocemos como destino, lo que siempre creí que nos llevaría de vuelta al Cerro Negro de cerezas y albaricoques.

Al día siguiente entró ligera como la brisa, llenó el ambiente y el pasado regresó al presente, para prometer un futuro que nadie tiene cierto. Donde come uno comen dos, dice el dicho, pero del dicho al hecho hay mucho trecho, también se dice. Siempre habrá un beso de cerezas, una mano en la panza de borra, y una caña de cerveza a salud de su recuerdo.

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